Papá, ¿me compras una app?

Aplicaciones desarrollo padres hijos niñosEl mercado de aplicaciones para un público infantil tiene una peculiaridad: en la mayoría de los casos, no son los usuarios quienes adquieren la app, sino sus padres. Por lo tanto, esto supone un reto, ya que hay que convencer a dos personas para lograr que se descargue la aplicación. Hablamos con dos desarrolladores que nos cuentan su experiencia.

Jesús Bartús es miembro del equipo de desarrollo de Genera Interactive, responsables de aplicaciones infantiles como PlayTales. Por su parte, David Yerga trabaja para Dada Company y ha creado apps como ¡A la cama!, un cuento interactivo. Ambos nos respondieron a unas preguntas para saber más sobre su trabajo.

Según nos explica Bartús, el principal reto al desarrollar una aplicación dirigida a este público es “hacer una interfaz de usuario sencilla e intuitiva para que el niño sepa en todo momento como navegar y moverse por la aplicación”. Además, Yerga recuerda el carácter global de las tiendas de aplicaciones: “nuestro principal reto es contactar con padres y niños en un entorno global. Hacer apps que aporten valor a un niño en Japón, en España y en Uganda”.

Por otro lado, no hay que olvidar la calidad, una de las claves para conseguir monetizar las aplicaciones. “Los padres pagan por cosas de calidad para sus hijos”, recuerda Bartús. Por este motivo, cree que “el precio debe ser acorde a la calidad y al volumen de contenidos ofrecidos”.

Además, en opinión de Yerga, la publicidad de terceros “suele estar muy mal vista” y su público es muy limitado, lo que hace que la clave esté en “crear productos diferenciales, globales y de larga trayectoria, no intentar monetizar en los tres primeros meses”, excepto en casos especiales “como aplicaciones dirigidas a eventos concretos”.

Contacto con los padres

Otra de las claves es seducir a los padres. En algunos casos, las aplicaciones son descargadas por adultos, especialmente si tienen un diseño atractivo (Bartús destaca que a esto ayuda una estética “casual y naif”) o son adictivos.

No obstante, esto no es lo más común y en general hay que lograr atraer a los padres, que son, además, la mejor fuente de feedback (aunque también se testean las aplicaciones con niños).

“Es fundamental que los padres la perciban [la aplicación] como un producto educativo o entretenido y a la vez correcto en formas y contenido”, explica Yerga. “Es importante que el padre entienda que el producto que está ofreciendo a su hijo tiene algún interés y es a los padres a los primeros que tenemos que convencer ya que son ellos los que se descargan las apps”, coincide Bartús.

Desarrollar para un hijo

Tanto Yerga como Bartús son padres, lo que les ha ayudado a crear sus aplicaciones. “Pones todo el cuidado y delicadeza posibles para que el producto enamore a tus hijos”, cuenta Bartús, padre de tres, que, no obstante, no cree que sea diferente desarrollar este tipo de apps si se tienen hijos.

Por su parte, la mayoría de los socios de Dada Company, compañía de Yerga, tienen hijos (uno, en el caso del desarrollador) y sí cree que “te involucras de otra manera cuando el primer espectador al que tienes que conquistar es a tu propio hijo”.

En lo que sí coinciden es en la utilidad de este tipo de herramientas en la educación. “Las buenas apps tienen un poder enorme en la educación, son capaces de transmitir gran cantidad de información y emociones”, explica Yerga. “Ver, oír, leer, tocar, mover… El reto está en tener claro el objetivo final, acompañar a los niños en su proceso de descubrimiento proporcionándoles elementos para estimular su imaginación y creatividad de una manera nueva y atractiva”, continúa.

No obstante, Bartús cree que, al menos por el momento, no sustituirán a los libros físicos. “Tanto los ordenadores como los libros físicos se seguirán utilizando todavía durante mucho tiempo”.

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